lunes, 14 de abril de 2008

...::Daniel Defoe::...

Daniel Defoe

(Londres, 1660-Moorfields, actual Reino Unido, 1731) Escritor inglés. Abandonó la carrera eclesiástica para dedicarse al comercio, primero en una empresa textil, hasta 1692, y luego en otra de ladrillos, actividades que propiciaron frecuentes viajes por Europa. En 1695 entró a formar parte del gobierno, y en 1701 obtuvo cierto éxito con El verdadero inglés, novela en la que atacaba los prejuicios nacionales en defensa de su admirado rey Guillermo III, de origen holandés.
Al año siguiente publicó el libelo El medio más eficaz para con los disidentes, siendo acusado de blasfemo, multado y condenado a una pena que finalmente no cumplió, aunque, al parecer, a cambio debió de trabajar para el gobierno como agente secreto bajo la protección de Robert Harley. Tras fracasar en sus negocios, trabajó como periodista para el progubernamental The Review. En 1719 publicó su primera obra de ficción, Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinsón Crusoe de York, obra con la que obtuvo una gran popularidad, basada en parte en la historia real del marino Alexander Selkirk, abandonado en la isla de Más a Tierra (hoy Juan Fernández), en el Pacífico.
En 1722 publicó Fortunas y adversidades de la famosa Moll Flanders, considerada la primera gran novela social de la literatura inglesa, centrada en la vida de una prostituta. Ese mismo año aparecieron El coronel Jack y Diario del año de la peste, prototipo del reportaje periodístico; durante mucho tiempo se creyó que no se trataba de una novela, sino de un verdadero diario. En 1727 publicó El perfecto comerciante inglés, y poco antes de morir un «manual» para evitar robos callejeros.




Julio César

::....Nunca te dije un te amo....::

Nunca te dije un te amo.

Ahora que me alejo de tú vida sin regreso, es que acaricias mi rostro con tus manos y mirándome me preguntas porqué nunca te dije un te amo. Tal vez por que tu amor fue egoísta al no darte cuenta que mis ojos brillaban por ti. Nunca sentiste que en los besos que te regalaba te entregaba mi alma. Que me hacías esperar con paciencia el día que tú eligieras para darme tú amor. Dime cuando y en que momento me declaraste lo que decías sentir por mí. No recuerdo escuchar tú voz diciéndome un te quiero y te necesito mi amor. Las citas fueron cortas y llegué a pasar largos días en ausencia. Lo siento pero la decepción hizo que mi piel se enfriara, mi mente dejo de pensar en ti, mi corazón no sentía la necesidad de llamarte para escuchar tu voz y sobre todo malo o bueno mi cuerpo te dejo de desear.

Ahora te das cuenta por qué nunca te dije un te amo. Siento mucho tus reproches y me duelen en lo más profundo de mí alma, pero no se te olvide jamás mi amor que de tus labios nunca escuche tampoco un te amo.

Madeline Vera

Julio César

##..Números y besitos..00

Números y besitos.

Los números son bonitos
¿si los quieres conocer?
te los envío con besitos
ya darás tu parecer.

Un abrazo yo te mando
más uno más de pilón
dos regalos te he mandado
¿tengo o no tengo razón?

Dos gardenias y una rosa
te doy con el corazón
cinco regalos te he enviado
¿tengo o no tengo razón?

Tres estrellas y un planeta
te he enviado a tu buzón
nueve regalos te he enviado
¿tengo o no tengo razón?

Muchos besos yo te envío
Con todito mi cariño
¿cuantos regalos te he dado?
¡todo mi amor, mi niño!
deseo que descanses en Paz


Carmen Pastrana

Julio César

domingo, 13 de abril de 2008

Casa llena, corazón ¿contento?


El siguiente escrito fue redactado por mi mientras naufragaba en un océano de sentiemientos, y como se habrán podido dar cuenta lo publico con el motivo de que vean algunas metáforas aplicadas, así como también de pormocionar mi blog "Maktub", en el que llevo escribiendo aproximadamente un año. Espero les agrade.

De nuevo hizo su gran aparición justo ayer, justo cuando menos lo esperaba, no era para menos, así es él. Siempre le tengo de invitado en el momento menos esperado.

Ocurrió en la mañana, había arreglado ya mis ideas y justo cuando planeaba deshacerme de ellas cantándole a él, un pequeño, chillante e infinito malestar nació en mi estómago y subió hasta mi garganta donde segundos después de casi ahogarme ¡estalló sin mayor aviso! ¡había llegado!
No es que me caiga mal, es sólo que no estaba preparada para recibirle tan pronto.
-Ni modo, aguántate- pensé.
Esto sucedió porque desafortunadamente hubo huelga en el lugar de donde vienen y obviamente él no fue el único en subir.

La casa se llenó, los semejantes de mi amigo a pesar de que arrivaron después debido a su velocidad de reacción consiguieron habitación antes que el pobre que había subido primero.
Furia, la primera más rápida, fue hospedada en la mejor suite que tengo (la lindura es un poco especial); a Decepción le encontré una cómoda habitación junto a Furia pues al parecer se llevan muy bien; Tristeza llegó junto a Decepción pero como ésta última tiene preferencia Tristeza se tuvo que conformar con un cuarto sin amueblar, sé que no le fue tan mal porque aquél que le tocó es el segundo más grande que tengo; el primero se lo quedó Depresión (tiene sus ventajas por derecho de antigüedad).

Así fueron llegando mis invitados uno tras otro como estampida, estuve tan ocupada todo el día ordenando las habitaciones y acomodando a los huéspedes que incluso olvidé apartar uno para mi huésped más raro de todos pues nunca tiene hora de llegada.

Muy tarde fue el momento cuando Amor llegó, subió primero pero su paso fue muy lento, se registró apenas el día de hoy, y la única habitación donde le pude acomodar (sólo para no dejarlo merodeando solito por mi corazón) fue en la misma que Paciencia, quien llegó momentos antes que Amor.
Creo que ese par se llevará muy bien por un largo rato, más le vale pues de lo contrario se hará la vida imposible.

Si te interesa lector saber lo que pienso respecto a tantos huéspedes al mismo mismo tiempo, prefiero resevarme ese comentario ya que todavía no aprenden a llevarse bien mi Cerebro y sentimientos y no queremos causar más problemas acá adentro.

Espero que pronto mis sentimientos aclaren el por qué de su huelga y puedan regresar de donde vinieron (con un poco de ayuda de Cerebro), así me evitarían mucha confusión y es que hasta ahora han interferido demasiado con mi vida fuera de ellos, no puedo terminar mis deberes y ¡mañana tengo examen!
Por ahora lo mejor que puedo hacer es dejarlos y dejarme descansar, mañana ya veremos que sucede...


Los viajes de Gulliver









Encontre un buen de imagenes sobre esta lectura, están bn padres!!! Y algo de información tambien muy interesante. Ojala les guste.








La obra maestra de Swift, Viajes a varios lugares remotos del planeta, titulada popularmente Los viajes de Gulliver, fue publicada como anónimo en 1726 y obtuvo un éxito inmediato. A pesar de que fue concebida originalmente como una sátira, un ataque ácido y alegórico contra la vanidad y la hipocresía de las cortes, los hombres de estado y los partidos políticos de su tiempo, el autor fue añadiendo, durante los seis años que tardó en escribirla, desgarradas reflexiones acerca de la naturaleza humana. Los viajes de Gulliver es, por tanto, una obra salvajemente amarga y, en ocasiones, indecente, una desabrida burla a la sociedad inglesa de su tiempo y por extensión al género humano. Aún así, es una narración tan imaginativa, ingeniosa y sencilla de leer, que el primer libro ha permanecido como un clásico de la literatura infantil. El cuarto libro, Gulliver en el país de los Huim suele eliminarse de muchas ediciones juveniles por su excesiva mordacidad, ya que en el fondo lo que está planteando Swift es que la compañía de los animales —de los caballos, concretamente— es preferible y más estimulante que la de muchos humanos.
Sus últimos años, tras las muertes de Stella y Vanessa, se caracterizaron por una creciente soledad y asomos de demencia. Sufrió frecuentes ataques de vértigo y, tras un largo periodo de decadencia mental, murió, el 19 de octubre de 1745. Fue enterrado en la catedral de la que había sido deán, junto al sepulcro de Stella. Su epitafio, escrito por él mismo en latín, reza: “Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad”.












Mariela Rubí G. 1104984





Entevista a Adriana Gonzales Mateos


Entrevista a Adriana González Mateos.
17 abril 2007 Periodismo Denisse Flores González




Cada persona puede ir descubriendo cualesson las maneras en las que quiere vivir y relacionarse.
Mi intención era narrar un personaje incómodoy para nada domesticable.
Pocas veces el sentimiento es expresado y si no es de mutuo acuerdo entonces es callado, se sepulta con el tiempo el resentimiento y años más tarde se renueva como una cicatriz que atraviesa el corazón de lado a lado. Adriana González nos enseña el sendero del fruto prohibido y del secreto mal habido.

Su primera novela: El lenguaje de las orquídeas, nos relata la historia de una adolescente que se involucra en una relación incestuosa con un familiar consanguíneo: su propio tío. La joven adolescente descubrirá un mundo de placeres físicos y psicológicos que se manifestarán en una serie de catarsis interna.

La familia ideal, pantalla de humo que pronto se desvanece con el viento se percibe como la excusa perfecta para sembrar el secreto en un plantío lleno de mentiras y disimulos.
Nuestra joven escritora no disimulará la verdad hiriente de la situación, las circunstancias demostrarán la naturaleza incestuosa de los individuos, dejando de lado la típica escena moral de la familia ideal.

Dígame, ¿de dónde surge esta fascinación por las letras, por las humanidades…?
No lo puedo explicar, es algo que viene de muy lejos y creo que proviene de mi niñez, porque cuando era niña mi abuela era una narradora muy imaginativa e intensa, fue una etapa donde disfruté muchísimo. Después me convertí en una lectora muy ávida que gustaba de leer mucho, y cuando lees, se vuelve muy natural el arte de escribir, se convierte en parte lo mismo.

¿Desde un principio algo en su mente la dirigió hasta este camino?, ¿alguna vez pensó en escribir un libro?
Si claro, para mi era muy importante llegar a publicar un libro. Empecé a escribir con esa intención hace unos años, tendría como unos 26 años cuando me propuse deliberadamente la idea de escribir un libro.

Por cierto, ¿algún libro que la dejó marcada?
Existen muchos libros que han sido muy importantes. Por ejemplo todavía vuelvo a leer con muchas fascinación los cuentos de Borges, también hay otros escritores dignos de recordar de la literatura del siglo XIX. Igualmente leer a Dostoievsky, o en todo caso Oscar Wilde que es alguien muy querido para mí. De todo un poco.

¿Algún género en particular?
Me gusta mucho leer novelas y ensayos, pero de pronto voy de uno a otro sin claramente pensarlo, sino que se va combinando de acuerdo con mis intereses.
Perceptiblemente usted tiene un sentido muy poético de la lengua, muy digno de la literatura, pero para la propia Adriana, ¿cuál cree es su sello personal en las obras que ha escrito?
Para mí, este libro tiene una estructura fragmentaria, es una narración escrita en pedazos. Lo que yo estaba tratando de lograr con la novela era no contar una historia coherente que avanzara armoniosamente desde el principio hasta el final. Yo pretendía realizar una historia cortada, llena de huecos, de cosas no totalmente explicada. Decidí entonces presentar pequeños “flashazos” de memorias, de recuerdos distantes y reflexivos de tal suerte que se formara un tipo de impacto.
“(...) Bajo mi expresión virginal yo detestaba el orden y había decidido sacudirlo(…)”

¿Por qué tratar un tema que desafía la estructura moral típica de la familia, sobre todo en un país como el nuestro donde se llevan a cabo reglas y costumbres determinadas?
A mi me parece que las familias como esta , es decir, una familia muy tradicional donde las mujeres están colocadas en una situación de subordinación es un caso típico de muchas familias mexicanas, quizá ahora no tanto, pero es un modelo que pesa, aunque nuestra vidas hayan cambiado con el tiempo ese modelo continúa. Entonces yo necesitaba criticar eso, narrar como un tipo de familia como esta es capaz de causar historias como la de “El lenguaje de las orquídeas”, donde la familia sigue pretendiendo ser feliz y armoniosa a costa del secreto y de las cosas ocultas que acarrean consecuencias doloras. A mi me interesaba saber qué había más allá de una simple pantalla.

La palabra incesto no es nada fácil de manejar, pero en este contexto de amor y sensaciones ¿cuál es el significado de esta palabra para la propia autora?
Incesto quiere decir una relación prohibida entre personas consanguíneas, tal como es el caso de esta relación entre la sobrina y el tío. Realmente, la palabra incesto es muy antigua y sumamente cargada de significados. Al mismo tiempo son relaciones comunes, muy frecuentes; mi propósito era desmontar esta palabra, cuestionarla, interrogarla y tratar de investigar qué peso arroja sobre los personajes.
Para la protagonista es una palabra muy abrumadora porque arroja sobre ella toda una carga de culpa, en cuestiones antinaturales, e incluso monstruosas. Me interesaba entonces, ver esta palabra desde otros ángulos y preguntar por qué la familia necesita estos secretos, porqué es tan importante mantener este espectáculo donde todos aparentamos respetables cuando la realidad es otra. Por ello me atrevo a decir que es una mirada a una estructura familiar obsoleta que con el tiempo se va haciendo menos real y operativa. Lo verdaderamente cierto es que cada persona puede ir descubriendo cuales son las maneras en las que quiere vivir y relacionarse.

Entre el incesto y el secreto, ¿a cuál le asigna un mayor peso?
Las dos, creo que son palabras muy ligadas. El peso del secreto es algo conflictivo, donde se sufren daños de manera dolorosa. Sin embargo al mismo tiempo creo que es una pregunta sin respuesta, por ejemplo se plantea que casi todo el mundo ha soñado que comete relaciones incestuosas, y si lo analizamos realmente las atracciones que se dan entre personas tan cercanas forman parte de la vida cotidiana de muchos de nosotros, entonces me interesa saber qué sucede con la familia en el sentido de la existencia de estas relaciones y su negación.

Por otra lado está la situación de la percepción de la gente, muchos cuestionarían el sentido crítico de una adolescente ¿no le parece?
Si, se piensa que las niñas no tienes sentido critico, sin embargo yo quería que la niña fuera un personaje con intención. Finalmente ella participa en la relación porque lo desea, y quiere revelarse contra su familia. Estamos hablando de un personaje lleno de inquietudes que cuestiona el sentido de la moral. Mi intención era narrar un personaje incómodo y para nada domesticable.

Después de haber escrito esta novela, ¿hay secretos familiares que convienen callar?
En general, el peso del secreto es muy dañino y cuando finalmente se desvela es algo muy liberador. Por ello es necesario darnos cuenta de muchas cuestiones, para empezar debemos reconocer que existe la diversidad, aunque todavía existen cuestiones muy conflictivas dentro de nuestra cultural contemporánea.

En el caso de las relaciones incestuosas en especial entre adultos y niños la desproporción de poder es inmensa, por eso es importante no callar, es necesario saber lo que ocurre para evitar una situación que provoque tanto daño a alguien.


Mariela Rubí G. 1104984

..---...--El corazón Delatador.-.-.-.

Por Edgar Allan Poe

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.
Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
-¿Quién está ahí?
Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.
Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.
Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.
Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.
Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!
Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.
Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!
-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!
FIN

Ana Balcázar Quiñones

.-.-cuentos con metáforas.-.-.-

Homenaje a Gabriel García Márquez

"Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y como disfrutaría de un buen helado de chocolate. Si Dios me obsequiara un trozode vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat seria la serenata que les ofrecería a la luna.Regaría con mis lagrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos... Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que el solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.-

Ana Balcázar Quiñones

viernes, 11 de abril de 2008

Romanticismo




Romanticismo










El Romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, dándole importancia al sentimiento. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo es que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.
Se desarrolló fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose desde Inglaterra a Alemania. Después a Francia, Italia, España, etc. Su vertiente literaria se fragmentaría posteriormente en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, reunidas en la denominación general de Postromanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispano. Tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, el arte y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo XX, el Surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos de la exaltación del yo.












Características



El Romanticismo es una reacción contra el espíritu racional e hipercrítico de la Ilustración y el Clasicismo, y favorecía, ante todo:
La conciencia del Yo como entidad autónoma.
La primacía del Genio creador de un Universo propio.
La supremacía del sentimiento frente a la razón neoclásica.
La fuerte tendencia nacionalista.
La del liberalismo frente al despotismo ilustrado.
La de la originalidad frente a la tradición clasicista.
La de la creatividad frente a la imitación neoclásica.
La de la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada.
Es propio de este movimiento:
Un gran aprecio de lo personal, un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental y al carácter nacional o Volksgeist, frente a la universalidad y sociabilidad de la Ilustración en el siglo XVIII; en ese sentido los héroes románticos son, con frecuencia, prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad, como por ejemplo las tres unidades aristotélicas (acción, tiempo y lugar) y la de estilo (mezclando prosa y verso y utilizando polimetría en el teatro), o revolucionando la métrica y volviendo a rimas más libres y populares como la asonante.
Igualmente, una renovación de temas y ambientes, y, por contraste al Siglo de las Luces (Ilustración), prefieren los ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos (siniestrismo); venerando y buscando tanto las historias fantásticas como la superstición, que los ilustrados y neoclásicos ridiculizaban.
Un aspecto del influjo del nuevo espíritu romántico y su cultivo de lo diferencial es el auge que tomaron el estudio de la literatura popular (romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y de las literaturas en lenguas regionales durante este periodo: la gaélica, la escocesa, la provenzal, la bretona, la catalana, la gallega, la vasca... Este auge de lo nacional y del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo XVIII, de espíritu clásico y universalista, dispersada por toda Europa mediante Napoleón.
El Romanticismo se expandió también y renovó y enriqueció el limitado lenguaje y estilo del Neoclasicismo dando entrada a lo exótico y lo extravagante, buscando nuevas combinaciones métricas y flexibilizando las antiguas o buscando en culturas bárbaras y exóticas o en la Edad Media, en vez de en Grecia o Roma, su inspiración.
Frente a la afirmación de lo racional, irrumpió la exaltación de lo instintivo y sentimental. "La belleza es verdad"
Evocación del pasado. Se alejaron de la realidad evadiendo el tiempo. Predominaron en ellos los sentimientos de tristeza, melancolía, amor a la soledad, escenarios lúgubres, descontento.
Deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos que presenta "el yo", subjetivismo e imposición del sentimiento sobre la razón.
En consonancia con lo anterior, y frente a los neoclásicos, una mayor valoración de todo lo relacionado con la Edad Media, frente a otras épocas históricas.


por:_-VLADIMIR.

Clasicismo





















Clasicismo










El clasicismo es una corriente estética e intelectual que tuvo su apogeo en los siglos XVII y XVIII.
El clasicismo es uno de los pilares en que se apoya el Renacimiento, con una vuelta hacia las formas clásicas (griegas y romanas) en todas las artes. Esta vuelta se ve no sólo en las formas y estilos, es también una vuelta temática. Hay que pensar que el arte religioso había presidido el románico y el gótico, con lo que un arte más realista y cercano en la forma fue una revolución, lo que se conjuntó con temáticas más paganas, aunque a menudo cristianizadas.
Temas mitológicos pueblan las pinturas, las esculturas y la lírica desde finales del siglo XV, naciendo en Italia, pero propagándose rápidamente por Europa, también es tema clásico el bucolismo pastoril.
Se expresó en todos los dominios del arte, desde la arquitectura y la música hasta la pintura y la literatura. Suplantó progresivamente al Barroco, dejando espacio al Romanticismo antes de renovarse a través del Neoclasicismo.









El término se emplea para designar el arte elaborado por los artistas franceses del reinado de Luis XIV. Se da en el último tercio del siglo XVII. En pintura es N. Poussin el fundador. Pretenden imitar los modelos de la antigüedad pero unido a una tendencia barroca. Este movimiento se prolonga en el academicismo a lo largo del s. XVIII paralelamente al rococó. Resurgirá en el estilo neoclásicista.














El clasicismo o periodo clásico viene a abarcar el medio siglo anterior a periodo susodicho, es decir, al que transcurre entre la muerte de Johann Sebastian Bach y las primeras obras revolucionarias de Beethoven. El término puede ser equívoco, pero se ha convertido en moneda corriente para designar en música a la segunda mitad del siglo XVIII, coincidiendo, por tanto, con lo que en otras artes, donde son fuertes las huellas del mundo grecolatino, llaman neoclasicismo. Aunque musicólogos de la talla de Massimo Mila o Giorgio Pestelli rehuyan el término clasicismo, nos parece mucho más adecuado que el hoy muy aceptado de barroco. Ya sabemos que al hablar de música clásica nos referimos a un tipo de música histórica o música de arte, elaborada por individuos con una formación y unos conocimientos transmitidos y enriquecidos (o desvirtuados) de generación en generación. Es decir, una clase de música entre cuyos objetivos debería estar el de la permanencia, aunque a veces haya sucumbido al implacable paso del tiempo. Pero al hablar de música clásica refiriéndonos a la producida entre la muerte de Johann Sebastian Bach y el nacimiento de la Sinfonía en Mi bemol mayor de Beethoven, pensamos en una época y estilo caracterizados, en líneas generales, por la búsqueda de claridad en la forma y el contenido, por un equilibrio expresivo y una moderación y serenidad ejemplares. El compositor clásico poseyó un oficio extraordinario y, tal vez por ello, puede haber generado la idea equivocada de cierta manera en exceso académica o formularia a la hora de crear. Es cierto que, en principio, los clásicos se sometieron a unas reglas inmutables cuya transgresión resultaba casi un pecado de lesa belleza, pero también es verdad que los maestros de talento supieron hallar dentro de esas normas, o profanándolas, el modo de llegar a eso que Rameau consideraba la finalidad de la música: conmover. En Europa estaba llegando a su ocaso el antiguo régimen y el tímido pero incesante auge de la industria anunciaba una nueva era que la Revolución francesa traería en todos los órdenes. El auge de la ópera en todos los países, los conciertos públicos en París, Londres, Madrid y numerosas ciudades alemanas e italianas, el aumento de la edición de música, de constructores de instrumentos, el lento progreso del fortepiano inventado a comienzos del siglo en Florencia por Bartolomeo Cristofori, la aparición de grandes orquestas en Viena, Mannheim, Londres... , son cuestiones a tener en cuenta para comprender una etapa floreciente de la música europea que desarrolla un estilo internacional a base de intercambio y libre circulación de músicos y partituras desde Moscú a Lisboa. Una obertura escrita por Souza Carvalho en Vilaviÿosa , no lejos de Badajoz, puede parecerse mucho a otra escrita por Haydn en Eisenstadt.





publicado por: VLADIMIR.

jueves, 10 de abril de 2008

Pensando como orquídea

Los relatos nos cuentan interesantes e incluso conmovedoras historias, historias de acción, aventura, horror, romance, incesto...
La obra "El lenguaje de las Orquídeas" no sólo nos relata la impotente historia de una niña de 13años, esta desafiante historia nos habla de como se pueden e incluso deben plasmarse los recuerdos a través de nuestra vida para evitar modificarlos, dañarlos. De esta manera la protagonista nos lleva a adentrarnos en sus pensamientos.

Días después de haber leído el libro, gracias a la afortunada visita de la autora, me di cuenta de que en realidad no había leído del todo bien el libro, y al no hacerlo había perdido lo esencial en el texto, lo que nos haría apreciarlo aún más, aquello que significa ser parte pasiva de la vida de la protagonista, el sentir la historia para comprenderla desde todos los puntos de vista posibles.
Lo anterior debe de ser necesario para cada obra que leamos para así disfrutarla y presumir que la hemos leído.
La autora Adriana González nos regala una parte de su ser en este libro pues ha desafiado a la sociedad plasmando en él polémicos versos e invitándonos a pensar como ella, a pensar como orquídea.